
Los elegíacos laberintos de la memoria, la complejidad del mañana, la franqueza con la que afrontar el presente, delimitan este espejo -este mapa- de extrema sentimentalidad, donde Isabel Miguel se mira y se reconoce al par de una inquietante desesperanza: “El tiempo se hace joven con el tiempo./ Ya no es lento su paso/ como lo fue en infancia (…) Lo que antes me sumaba,/ ahora me resta./ Un ahínco voraz/ que en su final me pierde”.

Los treinta poemas que componen el conjunto vienen envueltos por una plenitud verbal que contrasta con la pátina de desasosiego que encierra su decir: “Me han crecido las manos hasta el miedo”, escribe la autora; y entre sus dedos se derrama una nostalgia antigua, un espacio y un tiempo que ya no puede apresar sino desde su pluma: “Dejad que se me llene/ el corazón de alcobas,/ que me suba la piel por las raíces/ verdinegra y procaz,/ inevitable”.
Jorge de Arco (8 de diciembre de 2014 - Andalucía Información)
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