martes, 24 de febrero de 2015

En La Asociación de Escritores y Artistas Españoles, presentación del libro Zaguán de paso, de Isidro Sánchez Brun (3 de febrero de 2015)

Tarde lluviosa y fría, de esas que se estilan mucho últimamente. Caminábamos con prisa los dos incansables de Verbo Azul y una servidora. Al llegar, con apenas diez minutos, ni un alma. Y es que los días de invierno no llaman precisamente a disfrutar si no es de la calidez del hogar. Pero ahí estábamos.

Al filo de la hora indicada, comenzó a llegar gente que después de saltar charcos y correr bajo la lluvia venían a tomar un buen vino. Sí, sí, eso mismo, un buen vino… ya lo entenderán... Presentó brevemente Pilar Aroca, acelerada aún por la carrera para llegar a tiempo al evento. Luego Lidia López Miguel dio las gracias cuando habría que dárselas a ella, por lo exquisito de la factura de ese libro impecable, no solo en fondo sino en forma y por estar, a pesar del virus de la gripe que parece que este año no ha dejado títere con cabeza.

Después Guzmán Alonso Moreno hizo una presentación larga y detallada. Y digo larga porque sé que lo fue, aunque a mí no me lo pareciera, pero creo que es la primera vez en la que no me importa escuchar una presentación larga. Sin mirar al papel salvo en los versos que citó, Guzmán hizo una disección del Isidro Sanchez Brun escritor y poeta, más allá de los tecnicismos, de sus por qué, cómo y cuándo, con una devoción y un cariño que pocas veces he visto.

Quizás por eso, quizás porque era el día y por qué no, estaba contento, Isidro Sánchez Brun vistió su mejor versión de vino navarro, recio pero afrutado, reposado en barrica, con ese trago ronco con el que sólo él sabe desgranar las uvas de un poema. Y allí fue donde Isidro fue Isidro en todas sus facetas… Reconocí al poeta que admiro en esos versos de hace muchos años, versos de amor y también versos de rebeldía, de indignación, pero siempre íntimos, dichos con la voz baja y al oído, donde cada palabra es esa y no puede ser otra, con esos destellos que deja caer como si nada y que nos dejan temblando. Y sí, si me preguntaran diría que sí. Era feliz.

Después cómo no, nos juntamos para la foto. Y aunque yo no pude ir a celebrarlo fue noche de vino. De vino navarro del bueno.

Ana Bella López Biedma